La escritura de la novena de aguinaldos

 

 

La novena de aguinaldos se ha tratado de actualizar varias veces sin éxito. Incluso, alguna vez escuche una novena que proponía la liberación de todos los trabajadores junto con la esperanza de la llegada del Niño Jesús, lo cual ya es bastante particular. En parte, ese esfuerzo por actualizar tiene que ver con cierto anacronismo. Hace poco el portal de humor Actualidad Panamericana señalaba con un titular ese anacronismo: “RAE aclara a los colombianos que la expresión ‘Padre putativo’ no es grosería”. La novena, así como algunos villancicos, está llena de palabras en desuso, giros idiomáticos extraños.

Es posible que para el lector de la novena sea más importante la reunión de una comunidad.

El fracaso de las actualizaciones tiene que ver con que el entender el mensaje de la novena no es una prioridad; es posible que para el lector de la novena sea más importante la reunión de una comunidad —la familia, los amigos, los compañeros de trabajo— que realmente saber qué significa “putativo” y entender su función teológica en la historia de la natividad. En ese sentido, la escritura es solo un medio, no el fin, de la reunión, lo cual ya es paradójico. No hay sentido que valga frente a esta función de la escritura.

De hecho, de ahí que el aparato editorial religioso sea tan fuerte. A pesar de que la edición de literatura como la entendemos en la actualidad, es decir en la forma de la novela enorme, escrita casi siempre por varones, sea la de mayor éxito en el mundo de la élite cultural; en un plano más abierto, si se tienen en cuenta otras demografías además de las de la gente educada y con cierto nivel económico, la literatura religiosa es una de las más poderosas.

Se exigen mortificaciones como besar el piso varias veces, una hora como mínimo de rezo 0 150 aves marías, y una seriedad pocas veces vista en tiempos modernos.

La novena de aguinaldos se instituyó en el Nuevo Reino de Granada, en 1730 por un monje franciscano, Fray Fernando de Jesús Larrea, quien llegó a Quito justamente en ese año. Sin embargo, ese monje es solamente el encargado de escribir la novena, y de publicarla en 10 ejemplares en una imprenta de Santa Fe. No se trata de una publicación de gran calado. En ese tiempo, la novena no es todavía una tradición masiva como lo es actualmente. Sin embargo, sí se trata de una práctica muchísimo más severa que la actual: cada día de esa novena antigua se exigen mortificaciones como besar el piso varias veces, una hora como mínimo de rezo 0 150 aves marías, y una seriedad pocas veces vista en tiempos modernos.

Se tendría que esperar un siglo para que empezara la difusión fuerte y estructurada, por parte de la monja María Ignacia, llamada antes de la ordenación Bertilda Samper Acosta, de la novena de aguinaldos. Fue María Ignacia quien publicó de manera más amplia la novena y se encargó de su difusión. Esta es la primera modernización de la novena. María Ignacia le quitó severidad, la hizo más familiar y cálida. Así mismo, escribió los fundamentales Gozos y el villancico Tutaina.

Pocos textos han forjado tanto la identidad de los colombianos como la novena de aguinaldos

¿Por qué es importante Bertilda Samper Acosta? Bueno, precisamente por sus apellidos, por la tradición a la que pertenece. Puede que el nombre de sus padres, Soledad Acosta y José María Samper, humanistas y escritores de mediados del siglo XIX, no nos suene a muchos en pleno siglo XXI. Sin embargo, se trata de escritores fundamentales, estrellas de la literatura de su época; si se me permite, los ‘Branjelina’ de la literatura republicana colombiana.

Esos dos intelectuales se encargaron de forjar, a partir de sus escritos periodísticos y literarios una visión de lo que hoy conocemos como Colombia; de ahí su importancia. Es posible que este sea el mismo caso de María Ignacia, aunque su nombre sea menos conocido en los círculos académicos. Pocos textos han forjado tanto la identidad de los colombianos como la novena de aguinaldos, aún si ninguno de sus lectores entiende la mitad de lo que dice. Se trata de un texto que nos configura como comunidad.

Puede ser que esto se deba a que la novena conserva la misma función que tenían los diarios impresos. Todas las noches, durante nueve días, los colombianos saben que en la gran mayoría de los hogares de la nación se está haciendo exactamente lo mismo que en el suyo: cantando los mismos villancicos, leyendo las mismas oraciones y comiendo los mismos alimentos. No se trata solo de escritura, se trata de una experiencia de alegría, comunión e identidad.

 

Les deseamos paz, comunicación y armonía en estas fiestas,

 

Serifa.

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