Apocalípticos e integrados

 

¿Qué piensa del Internet? ¿Es un foro abierto para las ideas importantes o un espacio que enaltece la alienación? Quizás esta pregunta tenga que ver con un problema generacional y con las políticas públicas de los países.

 

 

 

 

 

Es famoso el libro de Umberto Eco Apocalípticos e integrados, en el cual el autor italiano hace una exploración de las distintas perspectivas que tienen los individuos y las comunidades en torno a los medios de comunicación. El mundo de la comunicación conoce muy bien la división que hace Eco: los integrados son aquellos que ven de manera benevolente a los medios de comunicación y sus efectos en la sociedad, y los apocalípticos son quienes, por el contrario, miran con sospecha el avance de la cultura de masas. El libro no toma una posición, sino que más bien defiende y critica posturas de cada uno de los bandos.

 

«El drama de Internet es que ha promovido al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad».

 

El libro es un clásico de los estudios sobre comunicación, y ya tiene sus años. Fue publicado en 1964, año del lanzamiento del Ranger 6, una nave con la misión de llevar cámaras de televisión a la Luna, y de la primera transmisión televisiva de un concierto de los Beatles en los Estados Unidos. Adicionalmente, en el Reino Unido se fundan varias estaciones radiales piratas. El mundo de los medios de masa era vibrante; estaba en pleno auge, y toda una ideología en torno a ellos se estaba construyendo.

Un Eco posterior, el año de su muerte, en 2016, ya en un mundo totalmente dependiente del Internet, parece despedirse de lo que le queda de integrado: «El drama de Internet es que ha promovido al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad» y «Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas». Para Eco, el Internet es un foro público demasiado abierto, demasiado democrático, en el que «los peores» pueden hacer eco de sus ideas.

Nadie lo puede culpar. Para noviembre del año pasado, 33 países habían sido afectados por noticias falsas provenientes de cuentas relacionadas con los gobiernos de turno y, si esta estadística dice algo acerca de la política en las redes sociales, 46,9 millones de usuarios siguen al presidente de Estados Unidos Donald Trump. Por encima de eso, el comportamiento de los usuarios en redes sociales deja mucho que desear: en Facebook, hubo 8,7 millones de interacciones entre usuarios y páginas que posteaban noticias falsas, durante las pasadas elecciones norteamericanas, frente a un 7,3 millones de interacciones entre los usuarios y páginas más responsables en cuanto a la información política.

 

Una imagen común y bastante problemática es la de un millenial abstraído, viendo su celular, mientras camina agachado, totalmente alienado del mundo en el que vive.

 

En síntesis, no parece ser que Eco sea el único que desconfía del Internet y de las redes sociales: el mundo contemporáneo vive una relación de amor/odio con las redes sociales. Mientras que para 2021 se calcula que el número de usuarios de las redes sociales llegue a 3,02 mil millones, un 24% de los adolescentes en los Estados Unidos tienen un concepto negativo en torno a esas redes en este momento.

Generalmente la visión pesimista en torno a las TIC y al Internet tienen que ver con disputas generacionales. Por lo general, se cree que las generaciones más jóvenes son las que hacen un mal uso del Internet (aunque las noticias falsas atacan sin importar la edad). Una imagen común y bastante problemática es la de un millenial abstraído, viendo su celular, mientras camina agachado, totalmente alienado del mundo en el que vive. La ideología en torno a este problema generacional es cada vez más apocalíptica (si seguimos al primer Eco): este artículo muestra que el 41% de los niños hacen un uso excesivo de Internet, y un 35% están en contacto con imágenes sexuales en la red.

 

Hay un antes y un después del Internet. Ya no podemos dar marcha atrás. Ya no podemos hacer de cuenta que nunca existió el Internet y en volver a instituir unos medios de comunicación basados en lo impreso.

 

En Francia, justo el día de hoy, el presidente Emmanuel Macron prohibió de manera dictatorial el uso de dispositivos digitales en las escuelas, una medida que agrada a los locutores de radio colombianos en los programas de la mañana. Según la ley, los más jóvenes de nuestros ciudadanos no tienen el criterio para discernir entre contenidos, y debe prohibírseles todo acceso a Internet. Esto es paradójico en un mundo en el que todo está mediado por las TIC y por los contenidos de Internet. En la radio y la televisión, todo anuncio publicitario, toda noticia, todo debate están mediados por las redes sociales. La información está en la red y paradójicamente se proscribe el acceso.

Es posible que una buena forma de entender el cambio generacional y su relación con la tecnología sea a partir de los textos del educador Marc Prensky. Para Prensky, la división es sencilla: hay inmigrantes digitales, personas que nacieron antes del auge del Internet y de los computadores personales y que, dependiendo de la necesidad o de la curiosidad, tuvieron que aprender todo un nuevo lenguaje, una nueva forma de comunicación; y los nativos digitales, que han crecido rodeados de videojuegos, Internet, dispositivos móviles, etc.

Lo más atractivo de esta teoría es que deja claro lo que parece obvio: hay un antes y un después del Internet. Ya no podemos dar marcha atrás. Ya no podemos hacer de cuenta que nunca existió el Internet y en volver a instituir unos medios de comunicación basados en lo impreso. Por esa razón, las medidas como las de Macron en Francia no solo parecen demasiado conservadoras, sino también insustanciales. ¿Cree el gobierno francés que está medida hará que los nativos digitales se concentren más en las clases o que estén en menor contacto con contenidos problemáticos desde el punto de vista ético?

No podemos alejar a las nuevas generaciones del Internet y tampoco podemos cambiar el Internet. Lo que sí podemos hacer es instituir talleres, clases y otros espacios en los que se explore la relación, por ejemplo, de la historia o de la geografía con el Internet. Podemos explorar nuevos usos de los contenidos, en vez de intentar cambiarlos de tajo.

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