Dos noticias han agitado el mundo editorial en las últimas dos semanas. La más reciente es la compra del conglomerado de medios Time Inc. por parte de la empresa Meredith, con una inyección financiera importante por parte de los empresarios y multimillonarios conservadores David y Charles Koch.

Es bastante usual cierta actitud apocalíptica en torno a la falta de lectores y de difusión de medios impresos como libros, revistas y periódicos.

Además del hecho de la transacción, con un valor de 1 700 millones de dólares, lo interesante son las supuestas causas de ella. Varios medios apuntan a que la búsqueda de un comprador por parte de Time Inc. (empresa que publica las revistas Time, Sports Illustrated y Fortune) tiene que ver con un imaginario mentado y repetido hasta el cansancio en la actualidad: la caída en desgracia de los medios impresos. El conglomerado, al notar el lento deceso de su industria estaría buscando nuevos dueños para pivotear o recibir otro enfoque.

Sí, se ha vuelto un lugar común decir que los medios impresos han sido desbancados e incluso es bastante usual cierta actitud apocalíptica en torno a la falta de lectores y de difusión de medios impresos como libros, revistas y periódicos. En ocasiones, esta actitud tiene que ver con una hipotética superioridad espiritual de los medios impresos sobre los digitales, como si de los libros, por ejemplo, se pudiera aprender más si están sobre el papel que en una pantalla. Y en general, la opinión pública se lamenta por la puesta en marcha del mundo editorial digital.

Vale la pena preguntarse de dónde viene esa valoración casi mística de un medio sobre otro. El análisis de la compra de Time Inc. pareciera contradecir la postura fatalista en torno a los medios impresos. Para una industria agónica, la transacción de 1 700 millones es contradictoria y ridícula (ninguna empresa que fracase es comprada por tal cantidad). Una transacción de ese calibre no es propia de una industria como la que se ha descrito en los últimos años, con los días contados, supuestamente.

Todo medio, así se defina como liberal, de centro, apolítico, imparcial, tendrá una ideología tras de sí, un espectro político que lo guíe.

Quizás lo que preocupa al sector editorial es el traspaso de manos, es decir, quiénes están tomando posesión de los medios de comunicación, ya sean digitales o impresos. En el caso específico de Time Inc., de ser una corporación en el espectro político de centro, seguramente pasará a ser más de corte de derechas, así se haya dicho que los conservadores hermanos Koch no tendrán injerencia en las decisiones editoriales. Es decir que lo que seguramente preocupa a los apocalípticos no es la destrucción de un cierto espíritu ilustrado de lo impreso, sino la reconfiguración de los recursos del sector editorial y la reconfiguración de la ideología tras esos medios.

Para los lectores, esto no significa menor parcialidad. Es claro que todo medio, así se defina como liberal, de centro, apolítico, imparcial, tendrá una ideología tras de sí, un espectro político que lo guíe. Es posible que los lectores de esas revistas experimenten otro tipo de ideología, de nuevo, más cercana a la derecha, pero no pasarán de la imparcialidad a la parcialidad. Todo medio es parcial y tiene un programa político tras de sí.

Este traspaso de manos nos lleva a la otra noticia de la semana: las restricciones hechas por los legisladores norteamericanos al contenido de Internet. Según lo que se lee en algunos periódicos y revistas en línea, en una nueva ley se propone restringir el acceso a ciertas redes sociales y a cierto contenido en Internet. Si el consumidor paga una cuota extra, podrá acceder a esos contenidos como pasa, por ejemplo, con algunos paquetes de televisión. Es decir, lo que propone la ley es estratificar el mundo de la red, imponer especies de clases sociales en la Internet en cuanto al contenido al que un usuario puede tener acceso.

El abanderado de la ley vuelve a ser el presidente Donald Trump, quien quiere garantizar la libertad de las compañías para vender la información como mejor les venga en gana, en detrimento del intercambio de información relativamente libre que se da en redes sociales. Sin embargo, como pasa con Time Inc., ese intercambio tampoco es tan libre en la era de las fake news y de la republicidad. El problema que plantea esta nueva ley es el descaro con el que se restringe la información de manera directa por parte de las empresas.

Las dos noticias, la de Time Inc. y la de la ley de neutralidad del Internet tienen el mismo trasfondo, la toma del poder de los medios por parte de una clase conservadora que ha venido creciendo en los últimos años. Si bien los anteriores dueños de los medios de comunicación en los Estados Unidos no garantizaban imparcialidad y tampoco una información que pudiera usar la gente del común para pensar y repensar la política con criterio, es claro que estos nuevos dueños de la información, los ultraconservadores, tampoco lo harán.

Así, este traspaso del poder es solo eso, un intercambio entre espectros ideológicos, pero no un intercambio entre clases sociales, ni tampoco representará un incremento en la calidad de la información. Ni el público ni las ideas políticas saldrán favorecidas cuando los mismos de siempre se raponeen la información entre ellos.

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