Dos

La promesa demográfica

Las generaciones pasadas pensaban que los millenials iban a hacer frente a restos mayores del planeta como el cambio climático gracias a las herramientas que supuestamente tenían a la mano. Pero algo salió mal en el camino.

*Este texto es la segunda parte de un texto de tres. Para ir a la primera entrega, haga clic aquí.

 

Junto a la invasión en todos los ámbitos de la vida del Internet, quizás el mayor cambio, el origen de los millenials como grupo demográfico definido, es la Caída del Muro de Berlín. Este hecho atravesó a toda la población mundial, pero para los millenials se trata de un fenómeno más fuerte, más invasivo que para cualquier otra generación, quizás precisamente porque no hubo consciencia de él. Muchos de los millenials eran solo pequeños niños o ni siquiera habían nacido cuando cayó el Bloque Comunista, pero este hecho definitivo, un anticipado final de siglo XX, marcó las expectativas de sus padres, de sus maestros, y en general de todo el contexto del derredor con respecto a ellos.

La Caída del Muro significó, por supuesto, y como es repetido con consistencia por los medios y los pensadores, el fin de la historia, postulado por Fukuyama. Con el fin de los países comunistas, se estructuraba un nuevo paradigma de futuro, una prospectiva aparentemente fresca. Después de las convulsiones del siglo pasado, ¿qué más podía pasar? Ya existían regulaciones en torno a armamentos químicos y nucleares; ya se habían estructurado acuerdos ambientales; se iniciaban ya los proyectos de libre mercado que significaban la igualdad en cuanto a consumo de bienes materiales; el Internet ya era una realidad —incipiente, pero realidad—. A los ojos de los economistas y los líderes políticos, una cierta estabilidad social se había conseguido, y la globalización significaría un avance mucho mayor en cuanto a acceso a bienes y a la información. De hecho, la narrativa oficial habla también de un viraje de la política en cuanto a seguridad social: para luchar contra el comunismo, se hicieron concesiones en cuanto a exigencias de sindicatos, por ejemplo.

Por esos años nacía nuestra generación del milenio. La Caída del Muro representó, más allá de cualquier cosa, que esta generación iba a poder ser la generación de la paz, una promesa demográfica. En el futuro, y casi que como por arte de magia, habría condiciones materiales totalmente benéficas para el progreso económico y político en todos los países del mundo. O al menos esto era lo que se creía.

Con una economía en auge, y sin un enemigo claro durante toda una década (las guerras de la década de 1990, como las de 1980, se desarrollaron en países por fuera de la órbita del Primer Mundo, como la Guerra de los Balcanes o la radicalización del Conflicto Colombiano) los países de ese Primer Mundo podían ver al futuro como un campo despejado de avance tecnológico y libre intercambio.

Y, así, pasaron casi 30 años. Aquí estamos. Por supuesto, con dudas con respecto a los millenials, los analistas demográficos todavía ven esta como una generación de la esperanza. Por ejemplo, miren cómo se expresa William H. Frey con respecto a esta generación en un texto llamado «The milenial generation: A demographic bridge to America’s diverse future» («La generación millenial: un puente demográfico al futuro diverso de los Estados Unidos) para el laboratorio de ideas Brookings:

La generación millenial, con más de 75 millones de personas solo en Estados Unidos es la más grande de las generaciones —eclipsando incluso en tamaño a los baby boomers, la generación de la Posguerra—. Los millenials son casi un cuarto de la población total de los Estados Unidos, el 30% de la población con edad para votar, y casi dos quintos de la población con edad para trabajar.

De manera más notable, la generación millenial, ahora una minoría con el 44% de la población, es la generación adulta más diversa de la historia estadounidense. Mientras su legado para el futuro todavía no está determinado, esta generación debe servir como un puente social, económico y político para las generaciones que vienen en términos cronológicos, y que serán (mucho más) racialmente diversas.

Miren cómo se expresa. Por supuesto, el acento es demográfico, habla de porcentajes que pretenden, sobre todo, y en especial, poner a la generación millenial como una que tiene el futuro político del mundo en sus manos, una generación adulta que debe encargarse del mundo. Por supuesto, se hace un énfasis en varios asuntos importantes para el estado liberal: voto, trabajo, diversidad.

 

 

 

A lo que apunto es que, aunque se ha dicho que en el futuro los millenials serán el 75% de la mano de obra mundial, lo importante de los datos es su misión en la configuración ideológica de una generación. Esta generación tiene el futuro en sus manos, parece decir Frey. No solo eso, tiene que relevar a la anterior generación. Los baby boomers y generación X ya han hecho su parte del trabajo, y la generación de relevo tiene que ser la de los millenials.

De nuevo, no solo se trata de que la generación millenial sea la generación con el futuro en sus manos, y además la encargada del relevo en el mundo laboral y político. Es también claro que esta generación debe seguir con los pactos hechos luego de la caída del muro.

En ese sentido, lo que se construye con estos análisis demográficos son configuraciones acerca de cómo debería ser el futuro, qué posibilidades tiene la gente en sus manos en veinte años, por ejemplo. En el caso de los millenials está la noción de una educación superior, ligada a un avance económico:

Comparadas con generaciones anteriores en el mismo momento de la vida adulta, los millenials han tenido altos niveles educativos, lo que, para su generación, más que para las otras, está ligado a mayores ingresos en el futuro y mayor prosperidad. Más de un tercio de los millenials de edades entre los 25 y los 34 años alcanzaron grados universitarios en 2015, un aumento de menos del 30% en comparación con los adultos de edades similares de la década del 2000 […].

En estos análisis se construye un futuro utópico en el que la educación se corresponde de inmediato con los niveles de ingresos. Es decir que, supuestamente, mientras más hayas estudiado, más lejos podrás llegar en términos de prosperidad económica. (Esta parece ser una constante en los discursos liberales del presente, en los que se apuesta por el frente de la educación como única forma desesperada de sacar sociedades del abismo). Lo cierto es que no pareciera haber nada lógico en esta suposición. El punto A de la educación no necesariamente lleva al punto B de una economía próspera para la población. Sí, es mejor tener buenos profesionales en una sociedad que no tenerlos, pero cuando no hay trabajos para esos profesionales, la ecuación se cae.

Por otro lado, la mayor queja, en lo profundo, en el abismo de la ideología, con respecto a los millenials, es que no pueden estar al tanto de lo pactado luego de la Caída del Muro (globalización, innovación, liberalismo económico). Abdullah Shihipar, en un artículo para la revista Jacobin llamado «Millenials Aren’t the problema» («Los millenials no son el problema») habla de la ruptura del pacto por parte de los millenials:

Los millenials se creen autorizados a todo; todavía viven en las casas de sus papás y no compran bienes raíces. Todos los argumentos van a lo mismo: esta generación amenaza el funcionamiento correcto de la sociedad.

El año pasado, The Economist declaró que los millenials estaban matando la industria del diamante. Otros textos hacían reclamaciones similares con respecto a la industria del golf, los cinemas, Home Depot— verdaderos pilares de la cultura estadounidense. Cada uno ofrecía su particular explicación: los millenials se preocupan demasiado por la ética detrás de la minería de diamantes, no les gusta el golf, o se rehúsan a salirse de Twitter. Sin embargo, todos coincidían que el egoísmo de los millenials está dañando a todo el resto de la gente.

En ese sentido, lo que parece suceder es que el sueño de la igualdad económica y cultural propio de la década de 1990 ha sido destruido por la propia realidad económica de los millenials. La sociedad parece resentida con una generación que supuestamente no dio la talla con el futuro. Les hemos dado educación, pero no parecen querer los trabajos que les damos, y menos aún, no gastan el dinero que ganan en estos trabajos para fortalecer la industria.

Es así que la promesa de los millenials se queda solo en palabras vacías como la de «diversidad». Sí, los millenials en Estados Unidos, por ejemplo, son más diversos en términos étnicos que otros grupos generacionales en la misma edad, pero ¿qué tantas oportunidades reales de tener prosperidad económica tienen estos jóvenes negros, latinos o árabes? Esto aún está por ser analizado en nuestro próximo artículo.

En Colombia, y en términos políticos, para marzo de 2018, solo 4 de 10 jóvenes (entre los 18 y los 28 años) acudieron a las urnas. Este grupo poblacional de los millenials representa una tercera parte de la fuerza electoral, y en esa medida las cifras parecen ser más dramáticas. Para ser la promesa demográfica, los jóvenes no parecen estar incluidos en el panorama político, un panorama dictado por la Constitución de 1991, una que parece también aceptar los pactos de occidente luego de la caída del comunismo.

Una primera conclusión apresurada para estos textos sobre los millenials tendría que ser que no hay generación que sea política o económicamente uniforme. Wittgenstein y Hitler estudiaron juntos a edad temprana y eran parte de la misma generación; sin embargo, sus experiencias políticas y profesionales en este mundo fueron totalmente distintas. Pertenecientes a la misma generación también fueron los liberales y conservadores de La Violencia en Colombia. En ese sentido, los cálculos demográficos que hacen los analistas con respecto a los millenials no solo son erróneos, sino que también se basan en presupuestos y en métodos absurdos: agrupar a millones de personas en el mundo en un mismo ideario político, en un mismo inconsciente colectivo y en un mismo contexto cultural.

Peor aún, estos análisis no agrupan a los millenials con base en datos o análisis, sino en cuanto a lo que esperaban las generaciones previas con respecto a esta generación: es decir, un grupo de personas étnicamente diverso, pero con posibilidades económicas similares y con los recursos (políticos, económicos, culturales, tecnológicos) suficientes para hacerle frente a problemas como el cambio climático.

En la próxima entrega veremos cómo estos ideales fueron trastocados y desmembrados por políticas económicas insuficientes. El declive del milerianismo.

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