Parce, ¿de dónde es que viene esta palabra?

¿Qué palabras se pueden decir con tranquilidad? ¿Qué palabras se usan a diario, pero no son reconocidas como “elegantes” o incluso “apropiadas”? En todo idioma pasa, no solo en español: hay palabras cuyo origen y cuyo uso tiene que ver exclusivamente con una profesión, por ejemplo, y que en otros contextos son extrañas. Si es en el quirófano, la palabra “médula” es la más apropiada; pero si es en la plaza o en el restaurante, lo más apropiado es decir “tuétano”. Este uso también tiene que ver con las clases sociales, con el contacto y el rechazo entre clases. Así, hay palabras solo usadas por la élite, y otras solo usadas por las clases bajas.

Un caso interesante es el de las palabras que en principio son usadas en un cierto contexto o en una clase social, y que luego pasan a ser usadas en otra. Ese es el caso de la palabra colombiana “parce”, que tiene origen en la región de Antioquia y en el contexto del narcotráfico y la violencia de la década de 1980, pero cuyo uso luego se extendió a otras capas sociales y a otras regiones de Colombia.

El diccionario de la Real Academia (por supuesto) no ofrece entradas sobre la palabra. Antes de que se nos juzgue de chovinistas, tampoco hay entradas para la palabra “asere”, que tiene el mismo uso que “parce” en Cuba, y que también debería encontrarse en ese diccionario por su uso frecuente, por ejemplo; pero sí para las palabras “pana” o “pata”, usadas respectivamente en Venezuela y Perú, seguramente porque tienen otras acepciones más comunes (un tipo de tela y la pierna de un animal o de un mueble). De ahí que la única explicación para no agregar ciertas palabras o acepciones a ese diccionario sea la pereza.

La palabra más cercana en el diccionario es “aparcero”, cuyas acepciones son las siguientes:

La palabra “aparcero” tiene el significado que conocemos se le da en Colombia a la palabra “parce”: “compañero, amigo”, y también se infiere que ese significado viene de la palabra partiarius, partícipe en latín. El aparcero participa en una “aparcería”, un contrato agrario específico, una comuna agraria.

El diccionario, sin embargo, solo señala a Argentina, Bolivia y Uruguay como los países en los que esta palabra se usa. Claro, en Colombia no se dice nunca “aparcero”. ¿Cómo se empieza a usar la palabra “parcero” en Colombia? Sería un salto demasiado grande si la palabra hubiera pasado de alguno de esos tres países a Colombia.

Otra posibilidad, quizás la más aceptada, es que el uso de “parcero” en Colombia venga del portugués “parceiro”, usado ampliamente en Brasil con el mismo significado y el mismo origen: “socio”, “compañero”, “amigo”.

Esa palabra seguramente llegó a Colombia en la década de 1980 por las relaciones entre narcotraficantes colombianos y brasileños, y se comenzó a usar de manera masiva, ya no solo en la jerga del narcotráfico y de la delincuencia común, luego de la segunda mitad de la década de 1990. La palabra adquiere otro estatus, otras variantes, y otros contextos.

¿Cómo se da ese paso? Ya sabemos el origen de la palabra, pero quizás sea interesante e importante investigar cómo se da el paso de una clase social a otra y qué implicaciones tiene. Se trata de un proceso tan orgánico que puede que sea difícil estudiarlo. Sin embargo, la palabra “parce” puede ir ligada a lo que se conoce como la cultura traqueta: un imaginario cultural ligado al narcotráfico. Estética, moda y vocabulario hacen parte de esa constelación cultural que ha tenido consecuencias dramáticas, y que por ello en ocasiones se intenta negar, sin tratar de entenderla y de estudiarla.

Lo que a veces se ve como una unión inocente entre clases sociales diversas puede significar lo contrario: una apropiación grosera y sin contexto de una palabra, o también un síntoma de la permeación del narcotráfico en todos los estamentos de la cultura. También puede ser un símbolo de la unión terrorífica entre élite y crimen organizado, que antes parecía improbable.

 

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